martes, 27 de noviembre de 2007

Dicen que los animales no piensan


He oído decir a numerosas personas que los animales no piensan y me alegro de que ello en parte sea cierto. Evitará así el flamingo pensar en que tan de moda está el negro en estos días y no tratará de colorear su plumaje con excrementos. Tampoco el leopardo pensará borrar las manchas de su pelaje para modelar en la portada de un tabloide escandaloso, matándose en lo sucesivo de hambre, aunque el mostrar una figura esquelética le valga una entrada preferencial en el vogue humano.

El hecho de que un animal no se preocupe por las consideraciones estéticas agrias de una especie idiotizada (la humana por su puesto), que crea estereotipos y “belleza” cimentados en la obediencia a un electrodoméstico fecal (el televisor, no un inodoro automático, obviamente) más que al sentido común, no suprime su capacidad pensativa, en cambio le dota de sabia prudencia.

¿O van a contradecirme argumentando que algunos animales compiten por el alimento con saña, cuando el valor del semejante está subestimado al punto que es razonable matar por despojar a alguien de un automóvil o una computadora portátil?

¿O, si no son criminales, me dirán que es intelectualmente elevado lacerarse el pellejo y morderse por acaparar una prenda de moda en alguna barata de tienda departamental?

¿Quizás les parezca digno de un pensador sonreír candorosos a un ser que les parece despreciable, e incluso apoyar sus razonamientos solo por el hecho de son colectivamente acertados, para después, en el rancio e infeccioso mingitorio, en que algunos espíritus se convierten, condenarle con pasión y seguridad, callándose una posible verdad?

Porque pensar no es necesariamente, y quien piense estará de acuerdo conmigo, acomodarse por cobardía a los acuerdos de un grupo o cambiar la moral como si fuera ropa interior, cada día, por acoplarse a lo que sus amistades “piensen”, o reprimir concientemente un comentario de oposición en vía pública.

Tampoco la siguiente idea merece el calificativo de pensamiento: “¿qué va a pensar el extraño que no conozco ni volveré a ver de mi calidad superficial si digo algo razonable y cómo me va a doler que esa persona desconocida, que por alguna razón siento es mejor que yo, me juzgue con la autoridad divina que le otorga mi falta de confianza y debilidad filosófica?, ¡será mejor repetir lo que me dijeron la tele y mis amigos del Ku Klux Klub social!”

Si a alguien identificado con lo expuesto le parece que un animal no piensa, es poco sorprendente, porque un perro, gato, vaca, escorpión, orangután o cucaracha tiene en mente Vivir, por encima de la idea moderna de sobrevivir y tratar de hacer ver a otros que se porta fielmente la ilusión exterior de vida que ellos llevan.

Posiblemente los animales no piensen demasiado, mas que lo esencial, pero incluso si es así no me parece justo que numerosas personas aseguren que el animal no piensa, cuando pocas veces me han demostrado su capacidad de hacerlo.

.C.

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